Dicen los que saben que una de las funciones de la literatura es "salvadora". Salva del olvido; salva de cometer lo mismos errores que cometieron otros; salva de la soledad, ayuda a establecer valores sociales y aún hay más. Pero para que ella cumpla con su destino salvífico, debemos aproximarnos a ella: ¡Frecuentarla! Y esto viene a cuento pensando en nuestros gobernantes, más ocupados en pelearse entre ellos que en pensar lo que les hace falta a los gobernados.
































