Movido por su genio, el artista irá mucho más allá de lo encomendado; más allá, también, de lo que él se creía capaz de hacer al comenzar la obra. En su despliegue, que insinuaba al futuro arquitecto, cegará ventanas y eliminará algunos frescos para ensanchar su campo de intervención, que no se limitará a la bóveda, ya que bajará por el primer tramo alto de las paredes, borrando límites para gestar un efecto óptico envolvente. El resultado, luego de momentos de aguda tensión con Julio II, intrigas, críticas y difamaciones de artistas de la época y de prelados de la Iglesia, será una de las más formidables creaciones de la historia del arte, a tal punto que sigue conmoviendo a gentes de las más diversas etnias y culturas luego de atravesar la prueba ácida de más de cinco siglos de existencia.