Muchas veces sucede que quien asume un cargo directivo cree que lo han ascendido a un plano superior por sus méritos y capacidades, y que lo han elevado unos "escalones" por sobre los demás. Y que puede mirar a todos "desde arriba". A su vez, cree -y está convencido- que los subordinados le deben un respeto reverencial y atenciones especiales, incluso servidumbre.





































