¿Qué lleva a 558 argentinos a viajar a las Islas Malvinas, a quedarse allí casi una semana, a caminar despacio un territorio donde no flamea nuestra bandera? ¿Qué impulsa ese movimiento cuando no hay comodidad, ni espectáculo, ni recompensa visible? No buscan paisaje. No buscan novedad. Buscan algo que no se deja nombrar fácilmente, pero que persiste.
































