La derecha extrema, en su acepción contemporánea, se caracteriza por una combinación de nacionalismo extremo, autoritarismo, rechazo a las instituciones democráticas tradicionales y, de manera central, el nativismo. Esto último implica una defensa fervorosa de la identidad nacional, priorizando a los nativos sobre los inmigrantes o minorías culturales, y a menudo promoviendo políticas restrictivas en materia de inmigración. Líderes como Marine Le Pen en Francia, Viktor Orbán en Hungría o Matteo Salvini en Italia encarnan este perfil. Por ejemplo, Le Pen, actualmente diputada de la Asamblea Nacional, ha centrado su discurso en la defensa de la "identidad francesa", abogando por políticas antiinmigración y la expulsión de extranjeros en situación irregular. Orbán, actual primer ministro de Hungría, pregona el euroescepticismo y fue el impulsor de un relato de "Hungría para los húngaros", promoviendo leyes que restringen la inmigración y exaltan la homogeneidad cultural. Andras Bozoki, profesor de la Universidad Centroeuropea, describe a Hungría desde 2010 como "la única democracia liberal consolidada de la UE que ha alcanzado el nivel de sistema no democrático, un régimen híbrido". En el caso de Salvini, líder del partido nacionalista Liga, se destaca su fuerte apoyo a medidas drásticas para bloquear la llegada de migrantes a Italia, apelando a un discurso de soberanía nacional frente a la globalización, y exhibiendo una postura muy crítica sobre la Unión Europea y el euro. Estos líderes comparten una visión que percibe la globalización como una amenaza a la identidad nacional y cultural. Sus políticas suelen incluir proteccionismo económico y una narrativa que glorifica el pasado nacional. En este contexto, el nativismo no solo es una postura antiinmigración, sino también un rechazo a las dinámicas globales que, según ellos, erosionan las tradiciones y valores locales.