La Política Exterior de un país es una política pública de Estado, pero no es cualquier política. Para llevarla a cabo es necesario coherencia, consistencia, congruencia, acuerdos y lo más importante, que perdure en el tiempo más allá de los distintos gobiernos de turno que la democracia permite. A la vez, es necesario tener una imagen del mundo, es decir una percepción del contexto internacional en el que nos desenvolvemos, sumado de una percepción propia, para lo que vale preguntarnos ¿Quiénes somos? En definitiva, nuestra identidad. En conjunto, todo ello sirve para plantearnos objetivos y planificar una estrategia que resuma las cuestiones del primer párrafo.



































