El psicoanálisis nació a comienzos del siglo pasado y aún hoy perdura como un tratamiento del malestar entre otros posibles. Desde entonces, quienes se han embarcado en la experiencia de un análisis, saben que se divide en dos momentos: primero los encuentros cara a cara, luego la utilización del diván. De un modo más formal, denominamos entrevistas preliminares al primer lapso y entrada en análisis al segundo. Se trata de tiempos lógicos, antes que cronológicos, es decir, su duración es imposible precisar con antelación. A su vez, la entrada en análisis no es el desenlace seguro de las entrevistas preliminares, sino una posibilidad entre otras, en tanto es necesario que se produzcan una serie de operaciones y movimientos subjetivos en el devenir del tratamiento mismo.

































