Espero la lluvia con santa paciencia. Y no sé si vendrá del cielo o de mis ojos. El polvo necesita aplacar su volátil consistencia con un poco de humedad. El verano retumba su esplendor, y la vegetación y sus rizomas se estiran buscando unas gotas benditas que apaguen su sediento quebranto. Mi corazón también esta seco de ilusiones. Un torbellino de conjeturas mordaces se sacude en mi mente hasta disolverse en un suspiro. Las encrucijadas del alma se mezclan con las preocupaciones por los peligros del fuego que acechan ante la sequía y la melancolía arrasadora del viento.


































