El psiquiatra Carl Jung, por ejemplo, concibe a la religión no como un dogma externo al sujeto, sino como una función natural del alma humana, una expresión de la necesidad arquetípica de encontrar un significado que trascienda la conciencia. En su obra "Psicología y religión" (1938), Jung afirma que "el alma es, por su naturaleza misma, un proceso religioso. Si no se la comprende y se la cultiva, se la reprime". Pero, precisamente, la espiritualidad posmo, en su afán por ofrecer soluciones mágicas, rápidas y superficiales, evade esta profunda confrontación con los arquetipos y la "sombra" del inconsciente. Lo que se presenta como un camino de autoconocimiento es, en realidad, una evasión de la verdadera exploración del ser, una trivialización del sagrado y complejo proceso de individuación, que Jung consideraba esencial para la salud psíquica y espiritual.