Ante su clase, un profesor universitario se lamentaba del bajo rendimiento académico de sus alumnos tras una instancia de examen. Un poco resignado, quizá en su misma impotencia, llegó a decir la siguiente frase: "Los libros no se leen una vez y para siempre". Aunque es claro que buscaba propiciar en sus alumnos un mayor esfuerzo y compromiso de lectura, su afirmación posee otras resonancias.



































