“A nadie le está permitido violar impunemente la dignidad humana”, afirmó León XIII en la encíclica Rerum Novarum de 1891. En el contexto del apogeo de la Revolución Industrial -con salarios miserables y condiciones laborales degradantes-, el documento fue más que un diagnóstico o una crítica a un programa económico: fijó principios capaces de ordenar la acción humana sin desligarla de su fin último, su dimensión trascendente. En la Argentina, esas ideas no tardaron en traducirse en experiencias concretas que dejaron una huella significativa.

































