Los pastores no sólo encontraron al Niño Jesús; sino también a una pequeña familia: la madre, el padre y el hijo recién nacido. Es conveniente meditar en el hecho de que Dios al revelarse- quiso hacerlo naciendo en una familia humana. Es verdad que entre Dios, que es Trinidad y comunión de amor, y la familia humana hay una enorme diferencia. La que se da entre el Misterio de Dios y la humilde condición de la criatura humana. El hombre y la mujer creados a imagen de Dios, en el matrimonio son “una sola carne.” (Gn 2, 24) Lo que expresa que son una comunión de amor, de la que procede el fruto de una nueva vida. Por eso Benedicto XVI decía que, “en cierto sentido la familia humana es ícono de la Trinidad” (*) por el amor entre las tres divinas Personas y por la fecundidad del amor.