Los autos diseñados para resistir ataques a balazos son por dentro como cualquier otro vehículo, vulnerables. Y necesitan de un uso correcto y mantenimiento, cuando no de alguna reparación. Lo prueban los dos blindados con que cuenta la flota de coches de uso oficial del Estado santafesino, comprados años atrás durante las gestiones de Antonio Bonfatti (que sufrió disparos al frente de su propio domicilio) y de Miguel Lifschitz. Al comenzar su gestión Maximiliano Pullaro estaban también fuera de uso, pero en situaciones muy distintas. El de la fábrica de origen alemán estaba en el taller oficial y solo esperaba que se le haga un servicio de rutina. En cambio el de tecnología y diseño norteamericano pasó una inexplicablemente larga temporada de ocho meses en un taller de chapa y pintura de la capital provincial, que no se concretó.
































