Son pocos los que escriben sobre estos temas en Argentina. Es lógico: a nadie le resulta cómodo estar en el centro de operaciones de seguimiento y atribución de falsedades para correr el foco de la realidad expuesta hacia una adjetivación dañina hacia el mensajero. Sin embargo, así como el sol no puede ser tapado con la mano, la realidad tampoco puede disfrazarse impunemente con un show corporativista de la “élite” (o de quienes se creen parte de ella) de una institución del Estado, que está más bien preocupada por mantener su propio statu quo o ascender, sin nadie que resulte una molestia para alcanzar ese objetivo, en lugar de buscar el marco para unirse en la misma voz de reclamo y lucha por el bienestar de sus subalternos. Por ello, y en búsqueda de soluciones reales por parte de las autoridades competentes, es imprescindible exponer la situación de actores protagonistas de nuestra realidad nacional, como lo son los soldados argentinos, para que la comunidad en general sea consciente de su intencionalmente disminuida calidad de vida, que debe ser inaceptable. Cueste lo que cueste.




































