Las leyes prevén suspensiones especiales de derechos y libertades para los militares, respecto de aquellos que tiene el resto de la sociedad. La libertad de expresión, el derecho a agremiarse o la posibilidad de adoptar medidas de fuerza son algunos ejemplos de herramientas cívicas que los militares no disponen. Con más o menos justificativos y con mayor o menor adhesión, son las reglas del juego y tienen que ver, en su argumentación, con el servicio superior que brindan los soldados por encima de cualquier coyuntura: la protección de la soberanía nacional y los intereses vitales del pueblo argentino. Sin embargo, no hay motivos para vulnerar la confidencialidad del voto de aquellos que portan uniforme militar.































