Michlig también abundó sobre ese producto y confesó su sorpresa, vivida varias décadas atrás en San Guillermo, cuando aún él era el presidente comunal de Ambrosetti. Narró los pormenores de una cena en una planta láctea en la que al asado le siguió un postre de entera factura local. Un coqueto plato con dos porciones de queso azul y dulce de leche, a mixturar según el gusto del comensal. Para esos años, los franceses aún no se habían adueñado de la denominación de origen así que era un roquefort con el más argentino de los dulces. Le resultó exquisito. Después de todo, resulta una variación del tan popular "postre del camionero" de queso duro y dulce (de membrillo).