-Hay que entender que todos, en algún momento y por alguna condición, vamos a entrar en algún grupo vulnerado: o porque somos viejos, porque nacimos con alguna discapacidad o la adquirimos en alguna situación, porque descubrimos que tenemos una orientación sexual distinta a la que se supone, porque no tenemos una familia típica, porque nos cuesta más hacer algunas tareas, porque nos irnos vivir a otro lado y pasamos a ser migrantes internos. El tema es que cuando estamos en otro ámbito, repetimos esas formas de diferenciarnos como para sentirnos que estamos por fuera del grupo discriminado, muchas veces hasta de forma inconsciente porque es así como lo aprendimos. Para eso creo que desde el INADI lo primero que tenemos que hacer es dejar de atender solo lo urgente para enfocarnos en el trabajo a largo plazo para fortalecer las bases sociales. Muchas veces me cuestionan: "¿y el INADI qué hace ante este nuevo caso de violencia de género?". Por supuesto que seguimos ayudando, pero si solo nos dedicamos a eso ¿cuántos centros más de violencia de género vamos a abrir, cuántas pensiones sociales vamos a armar? La sociedad argentina es una sociedad muy inclusiva porque entre otras cosas tenemos leyes pioneras como la ley de Migraciones y de Refugio. Por supuesto que tenemos discriminación, pero acá acogemos a personas de todo el mundo, tenemos una diversidad religiosa que en el resto del mundo no se ve con tanta naturalidad, tenemos educación y salud pública que nos igualan en derechos humanos.