Seguidamente, se refirió a su interés en "incorporar factores de emocionalidad a la Constitución" y "cruzarla con determinados sentimientos", entendiéndola ya no "como un documento histórico, nostalgioso" sino "como un contrato social instrumental que, bajo determinadas premisas, está en condiciones de regular la convivencia social hacia el futuro". En todo proceso revolucionario, señaló el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y del Consejo de la Magistratura, "la pasión y las emociones terminan consolidándose en un texto que después empieza a tener vida propia", aunque "a medida que van pasando las generaciones", los jueces que interpretan ese texto "están cada vez más lejos del fenómeno histórico y de las pasiones que generaron ese documento", y las palabras adquieren, en ocasiones, un sentido distinto al que se les pretendió dar al momento de su redacción.