Como en un maratónico y complejo juego de mesa, la sucesión de acciones para definir el destino de la jueza Ana María Figueroa estuvo signada por carreras contra el tiempo, "poroteos" parlamentarios y una retahíla de argucias interpretativas. Estas consideraciones se extienden a la sesión del Senado en la que el kirchnerismo logró, desempate mediante, aprobar su pliego más de un mes después de que cumpliera la edad jubilatoria de 75 años, y la Corte Suprema la declarase cesante. Y también, a la manera en que vaya a resolverse definitivamente su situación en los próximos días, e incluso cómo eso pueda incidir sobre resoluciones judiciales que involucran a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.



































