Después de escandalosas fugas y complejos crímenes organizados desde las propias cárceles, aseguran que se ha reducido "notablemente" la tenencia de teléfonos celulares en manos de presos de alto perfil, sobre todo en el penal de Piñero. Particularmente allí, los hechos durante el año desnudaron una situación de gran vulnerabilidad con cámaras de vigilancia que no funcionaban y personal agobiado por una sobrecarga laboral que derivó en protestas y petitorios. En agosto, entre otras medidas, el secretario de Asunto Penitenciarios, Walter Gálvez, decidió "mudar" su oficina tres días por semana a la propia cárcel. La intención, según se dijo, era lograr un seguimiento más exhaustivo, por ejemplo, de las requisas. A tres meses de ello y consultado por El Litoral, Gálvez describió el cuadro de situación actual.


































