-Llegamos en abril del año pasado a un punto culminante del proceso de actualización del modelo cubano, que fue la adopción de la nueva Constitución del Estado, en la que se introdujeron profundas transformaciones al sistema político, al funcionamiento del Estado y sus instituciones, al sistema democrático, a las garantías constitucionales, a los derechos y deberes de los ciudadanos, a los regímenes diferentes de propiedad y su organización, de participación y disfrute de los beneficios del acceso al desarrollo, a la cultura, de la manera en que se constituyen las familias. Es un texto que además es una obra colectiva, con el cual la gente está muy identificada. En una época como la que vivimos, que un país se haya volcado durante meses a debatir un anteproyecto de Constitución, a reescribirlo en mas del 64 por ciento, que después haya sido debatido en los parlamentos municipales, provinciales y en el nacional y finalmente en un referendo nacional, con el voto libre, directo y secreto de los ciudadanos el 87 por ciento de la ciudadanía lo haya aprobado, es acto de civismo, de conciencia política y de voluntad democrática muy grande. Alguien dice que porque el sistema no cambió su estructura de un partido político el proceso no tiene valor. Yo digo que el cubano no es un sistema de partidos electorales y que el partido político que existe en Cuba no existe para competir por el poder, sino para apoyar el ejercicio del poder, para unir al país desde adentro, si no se entiende esa particularidad se puede caer en esas descalificaciones. Pero para mi esa es la base que nos ha permitido sobrevivir como nación libre, soberana en nuestro vecindario y nos ha permitido desarrollarnos a pesar de todo.