La renuncia de Alberto Fernández a postularse para la reelección puede leerse en tres tiempos: el que lleva la sostenida demanda del kirchnerismo para que dé un paso al costado, el de la zozobra cotidiana que hace imperativo dedicarse a la gestión y calmar el frente político interno, y el futuro inmediato de encarar una estrategia electoral que deje lo mejor parado posible al oficialismo.



































