A mediados de la década de 1960, el arquitecto Waldemar Giacomino recién regresaba de Europa, donde había estado radicado algunos años. Su vida transcurría entre Rosario, donde estaba su familia y su casa paterna en San Carlos Centro. En 1967, justo cuando ingresó a trabajar en la Municipalidad de Santa Fe, lo convocaron para dirigir una obra promovida por el Club de Leones que sería de gran relevancia para su ciudad natal y se convertiría en uno de sus principales íconos: el arco de ingreso. Giacomino lo diseñó y supervisó los trabajos, que se extendieron entre mayo y diciembre de 1967, cuando fueron inaugurados.




































