Martin Aurand comenta que todo empezó de manera accidental en la ciudad de Azul. Una mañana de enero de 2007, mientras acompañaba a su papá a hacer unos trámites, fué a la oficina de turismo a ver qué había de diferente para hacer, y ahí le dieron un folleto donde hablaban de un tal Salamone. “Había unas fotos de construcciones muy extrañas que jamás había visto, por lo que inmediatamente fui caminando hasta el cementerio. La fascinación y el shock que me generaron ese ángel y el RIP fue algo que pocas veces sentí en la vida”. En ese momento tenía encima una cámara digital muy básica con la que sacó las primeras fotos. A partir de ahí, y gracias a que meses después hubo una muestra sobre Salamone en el porteño Centro Cultural Borges, comenzó a ampliar su conocimiento sobre el tema.































