En 1966, un hombre de 34 años llegó a las puertas de un hospital de Cebú, en Filipinas. Sus miembros estaban tan inflamados que ni siquiera podía sentirlos y sufría faz leonina, una grotesca hinchazón del rostro. Los médicos decidieron probar con él un fármaco experimental que se había descubierto en 1954 y que en África había dado algún resultado positivo. El efecto fue “dramático”. Aquel paciente recuperó su rostro y la hinchazón desapareció por completo. Treinta años después, seguía sin rastro de su enfermedad, según relataron sus médicos. La droga que le había salvado la vida se llamaba clofazimina. Desde entonces, el fármaco ha salvado millones de vidas y aún hoy la Organización Mundial de la Salud la considera una medicina esencial contra la lepra.

































