La noche avanzaba sin sobresaltos en la Circunvalación Oeste de la ciudad de Santa Fe hasta que, a las 23, un resplandor anaranjado rompió la monotonía del tránsito escaso. A la altura de Cilsa, en sentido sur-norte, el fuego empezó a devorar sin pausa la estructura de un automóvil detenido sobre la banquina Este. No hubo gritos ni corridas. Solo llamas.


































