Dos palas apoyadas contra el baúl de un Citrôen C3 blanco, estacionado en un galpón de la zona norte de Santa Fe, fue lo más parecido a una sentencia de muerte que vivió un comerciante santafesino, dedicado a la compra venta de autos usados y varias veces nombrado en causas penales de las que supo salir airoso.

































