A nueve meses del homicidio, los ochos rugbiers que permanecen detenidos en la Alcaidía de Melchor Romero, acusados del crimen de Fernando Báez Sosa, pasan sus días alejados del resto de la población carcelaria, aunque ya no son insultados y pasan desapercibidos, tienen un bajo perfil y reciben asistencia psicológica de profesionales penitenciarios.

































