Rosario atraviesa una temporada en la cual la violencia está en el centro de la escena. Las imágenes de balaceras contra viviendas, comisarías y otras instituciones; los mensajes amenazantes en escuelas; los incendios intencionales de vehículos estacionados en inmediaciones de seccionales, se suman a los heridos y muertos que aumentan las estadísticas. Pareciera que nadie aún tiene las herramientas (y la convicción) para hacer algo.


































