Comer frutos secos todos los días puede aportar nutrientes valiosos, pero también entrañar riesgos cuando no se controlan las porciones: una ración pequeña aporta muchas calorías y consumir varias raciones al día puede traducirse en un exceso energético. Además, compuestos naturales presentes en la piel de ciertos frutos pueden afectar la digestión y la absorción de minerales.



































