Como esas noches inolvidables que parecían no tener fin. Algunas afuera del país, otras en el Brigadier López prolongando la euforia por las calles de la ciudad hasta que el irremediable avance de las horas y algún lejano alerta de “muchachos, a dormir que mañana hay que madrugar”, interrumpía el delirio del festejo. Noches de agonía futbolera, de goles increíbles, de victorias tan sufridas como trabajadas. ¿Cómo no recordar aquellos partidos de la Libertadores del 98 con equipos encumbrados y con historia como los de Perú u Olimpia?, ¿cómo olvidarse, más acá en el tiempo, de aquella noche con el San Pablo hace un año?. Imposible.

































