Eran tiempos de un Colón sin un mango, desvastado en lo económico y sin rumbo en lo deportivo por tantas frustaciones en el ascenso. Si bien a Colón nunca le faltó gente, ese año 1987 era muy especial, porque marcaba una transición en la histórica y recordada “Barra de Santa Rosa de Lima”. Eran esos meses de pasar entre “El Ovidio” y “El Indio”, con códigos de tribuna muchos más nobles que ahora.



































