Nada de muñecos pinchados, sapos enterrados o tijeras clavadas. Por más que la vuelta, esa esperada estrella y la Copa se levantó a cientos de kilómetros en el Bicentenario de San Juan, quedó al descubierto después de 116 años que ninguna brujería frenó el grito popular de Colón en Santa Fe: ¡Campeón!. Eso sí, luego de la recorrida exclusiva de El Litoral se pudo comprobar que lo que había por todos lados ahí abajo eran malezas, imperfecciones y esa palabrita que todos repetimos sin saber qué es: "kikuyo". En síntesis, demasiada noble la vieja grama del Cementerio de los Elefantes que soportó de todo: desde la pisada ricotera hasta esa "Sangre que se llevó el río..." con el Salado y la dolorosa inundación.
































