“Todos los dirigentes estamos encolumnados detrás del cuerpo técnico”, dijo Luis Spahn, el presidente de Unión, cuando se lo consultó el jueves por la tarde, luego de la derrota ante Aldosivi en Mar del Plata, en el acto de presentación de la Copa Santa Fe. ¿Se lo debe tomar como respaldo?, en parte sí. Mucho más con un presidente y una dirigencia como la de Unión, que, en los 16 años que lleva Spahn al frente del club, no se ha destacado por despedir entrenadores. El Kily se ha ganado la banca dirigencial y de la gente, logrando que su espalda “crezca”. Pero él sabe muy bien, por ser un hombre de fútbol, que hoy es un entrenador cuestionado. Y también debe saber, el Kily, que una cosa es que sea criticado por alguna cuestión futbolística puntual como puede ser la inclusión o no de algún jugador o la elección de una determinada estrategia, pero otra cosa diferente es cuando esa crítica se convierte en cuestionamiento. Allí, la situación se pone más espesa porque pone en riesgo una credibilidad que él se supo ganar y que hoy ha comenzado a perder.


































