El fútbol suele ser el teatro de los mejores sueños. Pero también de las peores pesadillas e injusticias. Si un jugador fue determinante, con sus tapadas y voladas, para que Unión llegue donde llegó en esta Copa Sudamericana 2020, ése fue Sebastián Moyano, el golero del Tate. Si de la legión de jugadores que el Tate contrató en el último año y pico como refuerzos, uno de ellos generó la sensación de "nombre tapado y acierto total"...ése fue Sebastián Moyano, todo vestido de verde. Si una individualidad lo hizo capear al Tate esa "tormentita" del inicio al Tate en Brasil con sus salvadas habituales...ése fue Sebastián Moyano. Y, al mismo tiempo, si un jugador de Unión se equivocó y pagó en el Fonte Nova...ése fue Sebastián Moyano. Salió mal, apurado, abrió las manos para no hacer penal pero se lo llevó puesto con las rodillas a un brasilero (Rossi) que pareció más "vivo" que cualquier argentino para apurar lo que era inevitable: el contacto físico que se traduce en penal.



































