Pasaron no menos de 30 o 35 minutos en los que la puerta del vestuario visitante no se abría ni tampoco contestaba al llamado para que Cristian González acuda a hablar con la prensa. Tanto, que se cambiaron los roles. El primero en hablar fue Palermo, cuando, generalmente, lo debe hacer el técnico visitante. El Kily estaba muy enojado. Ya se lo percibía durante el partido. Y decidió no esperar. Juntó a sus jugadores y hubo “lavado de cabeza” después de una producción insatisfactoria y preocupante.


































