A veces se lo complica demasiado. Pero cada tanto -y a veces de manera muy seguida- el fútbol demuestra que no es tan difícil, que basta con dar orden y seguridad a un equipo para que con eso sólo se logre ganar un partido. El Tato Mosset trabajó apenas un par de días a fondo con un plantel que venía bajoneado y derrotado. No es tiempo para hacer milagros, tampoco tiene la varita mágica ni es dueño de la verdad. Hizo lo que había que hacer. Más allá de alguna diferencia -sólo es cuestión de gustos personales- en la elección de los jugadores, puso en la cancha un equipo "normal" con un esquema táctico "normal". Nada de inventos, ni de esos "intríngulis" a los que muchas veces los técnicos apelan para que los tilden de innovadores.



































