En los albores de la década de 1940 Carola Lorenzini ya era toda una celebridad. No solo le cabía el mérito de ser la primera argentina en obtener el carnet de aviadora civil sino que también había llegado a convertirse en instructora de vuelo, algo inédito hasta entonces para una mujer en América del Sur. Para sellar el pacto de popularidad con el público que la seguía, poseía ya el récord femenino sudamericano de 5.381 metros de altura, había cruzado el Río de la Plata en un vuelo en soledad y dominaba a la perfección una técnica que atraía muchísimo a los aficionados: el looping invertido, una acrobacia a través de la cual el piloto queda cabeza abajo.


































