No se sabe si cenó, ni qué comió, ni dónde o cómo lo hizo. Lo que se sabe es que no se miró al espejo. Tampoco se higienizó. Y esta noche no se quitará la ropa para dormir. Sin embargo el muchacho tiende la cama. Un colchón gastado y roto sobre la vereda, bajo la garita de un comercio enrejado que al otro lado del cristal ofrece en su vidriera artículos tecnológicos. Las luces iluminarán su silueta hasta el amanecer. Pero ahora el muchacho lleva a cabo silenciosa su ceremonia íntima. Alza el brazo y estira la sábana, la acomoda. Tiende su cama. Más tarde se tapará con una cobija para aguantar a la intemperie hasta el nuevo día. ¿Se quitará la gorrita? ¿Qué sueños lo acompañarán? Hasta mañana.


































