En La Guardia, ese barrio que se asoma en la puerta de un rulo vial -una ruta es la 168, que va para Paraná; la otra es la Nº 1, que lleva a la Costa-, se está creando un puente comunitario, intergeneracional, que, a diferencia de esa "puerta giratoria" que deriva a dos viaductos -y por donde los coches siempre van hacia adelante-, este puente conduce hacia atrás: hacia el pasado. Y esa dirección quizás sea la única posible para entender el futuro.


































