El diagnóstico de Nahuel llegó a los dos años de vida. Cuando nació, sus padres notaban manchitas en su rostro que fueron cambiando de aspecto y asemejarse a una especie de verrugas. “Cuando notamos eso lo llevamos a Rafaela. Allí no le dieron demasiada importancia y nos dijeron que eran normales. Pero se fueron haciendo aún más grandes, sobre todo una cerca de la boca, y volvimos. Se lo sacaron y mandaron a biopsia. Cuando el médico nos da el resultado nos dice que eran pecas y no había nada de qué preocuparse. Volvimos a casa y Nahuel hacía una vida normal. Andaba en cueros por la calle los días de calor, como cualquier chico”, cuenta José María Basualdo.


































