Y también aparecen los relatos de la lucha de aquellas mujeres víctimas de esa violencia brutal, que convirtieron ese dolor íntimo en un bastión, en una bandera que se blande con fuerza y que grita: “¡Basta!”. En este marco, días atrás se realizó el panel debate “Rompiendo el silencio: lucha y herramientas contra la violencia machista” (Fhuc/UNL). Organizó la agrupación Estudiantil Alde.
Participaron la diputada provincial Mercedes Meier (FPS); Silvia Castillo (hermana de la “seño” Vanesa Castillo, asesinada en Alto Verde) e impulsora del proyecto Ley Vanesa; Bernarda Massolo, sobreviviente de un intento de femicidio en Santa María (Brasil), y Melisa Noguera, familiar de las víctimas del quíntuple femicidio en barrio Alfonso, en 2017.
Marcas de por vida
Melisa Noguera es hermana de Mariela y de Sonia, hija de Carmen, tía de Ailen. Ellas cuatro, además del novio de esta última, Joel, fueron víctimas del quíntuple homicidio (cuatro de ellos, agravados por mediar violencia de género) cometido por Facundo Solís en diciembre de 2017. A casi dos años, afirma que aún no pudieron rearmarse como familia. “La violencia machista impacta y fuerte; nos dejó marcados de por vida. Me falta todo”, sostuvo en diálogo con El Litoral.
“Nunca voy a olvidar lo que fue ese 31 de diciembre; muchos festejando fin de año y nosotros despidiéndolos. Los sepultamos y mientras todos brindaban, en vez de decir ‘feliz año nuevo’, estábamos diciendo ‘vuelen alto’”, recuerda con lágrimas en los ojos. La vida de toda su familia cambió para siempre ese día. Melisa quedó a cargo de los hijos de Mariela, Luca (11) y Milagros (6). Sumado a sus tres hijos, afirma que “fueron los chicos quienes nos obligaron a ponernos de pie. En casa pasamos de ser 5 a ser 7, tuvimos que seguir por ellos”.
Sostener no sólo en lo emocional sino en lo económico a los hijos de las víctimas de femicidio, como Luca y Milagros, resulta cuanto menos abrumador. La ley “Brisa” busca paliar los daños de la violencia intrafamiliar, otorgándoles mensualmente y por chico el equivalente a una jubilación mínima. La familia Noguera empezó a percibirla recién este mes. Para ellos, acceder a este derecho “debiera ser algo más simple, porque son un montón de papeles y hay que esperar muchos meses. Esto no calma el dolor de nadie pero es una ayuda que, si bien no alcanza, algo es”, destaca.