-Creo que "denuncia" no sería la palabra más acertada ni para la película "Soy paraguayo" ni para el libro "Se vende un país. Relatos de Paraguay". Si bien aporto información y datos concretos relacionados a la deforestación, la tenencia de la tierra o las influencias nocivas de los agroquímicos a la salud humana (hablo brevemente también con Damián Verzeñassi, de la UNR), mi enfoque son las historias personales. Estoy convencido que son las historias lo que nos permite entendernos mejor como sociedad. En mi opinión no sirve de mucho, por ejemplo, demonizar a los sojeros, pues ellos tienen sus trayectorias familiares que los llevaron a hacer lo que están haciendo y me parece clave entenderlos. Sin entender al otro, o más exactamente: sin que se entiendan mutuamente todos los actores de un problema social dado, no se avanza. No vamos a encontrar una solución sostenible para el mundo, si fomentamos el odio entre diversos bandos, ¿no te parece? Las soluciones se encuentran en un ambiente de conciliación y de asumirnos como unidad: nosotros, la sociedad, y no: nosotros - los buenos, y ellos - los malos. Todos somos buenos pero también todos cometemos errores. O nos encerramos en nuestras burbujas, cosa que -por un lado- no nos permite reconocer nuestros errores y -por el otro- nos hace imposible comprenderlo al Otro. Por eso me enfoco en las historias: de los sojeros y de los campesinos sin tierra, de los médicos rurales y de los vendedores de la maquinaria agrícola, de los colonos y de los criollos, de los menonitas del Chaco central y del pueblo originario nivaclé; de quienes hoy tienen tierra y de quienes luchan por recuperarla. Estoy convencido de que el diálogo es el único camino.