Desde diciembre, el paisaje hídrico de Santa Fe comenzó a mostrar un cambio característico: la llegada de sedimentos provenientes del río Bermejo, nacido en los Andes del noroeste argentino y del sur boliviano. Ese pulso marrón que cada verano desciende desde el norte vuelve a teñir los grandes cursos de agua hasta desembocar en el Paraná. Según explica el geólogo Carlos Ramonell, el fenómeno se manifiesta primero en el cauce principal del Paraná y en el Colastiné, y se espera que el contraste de coloración se intensifique en las próximas semanas, con un pico entre marzo y abril.


































