“Juventud, divino tesoro, te fuiste para no volver”, escribió alguna vez el poeta nicaragüense Rubén Darío. Acaso ese verso resume el núcleo de un exhaustivo relevamiento a nivel nacional y global en el que se indagó sobre cómo los argentinos perciben la juventud y la vejez, y quizás también el tiempo biológico de la propia vida. Los resultados son cuanto menos llamativos.



































