Este 4 de febrero, Carlos Alonso cumple 97 años y su obra vuelve a imponerse entre las más incisivas, incómodas y necesarias del arte argentino. Es que, como pocas, se sigue vinculando con el presente: el cuerpo expuesto, la violencia estructural, la historia como herida abierta.
Estas palabras de la especialista Diana B. Wechsler, aplicadas a su serie L.E.S (Lino Enea Spilimbergo), tal vez otorgan algunas claves para "entrar" en tema.
"Alonso penetra en la captación psicológica de la conflictividad de estos personajes singulares –sus colegas en el pasado– a través de un trabajo intenso que recae en la identificación de ojos, miradas, actitudes corporales que transmiten en el espectador la inquietud vital de los representados".
Se refiere a sus series dedicadas a pintores, pero podría hacerse extensiva esta misma idea a otros tramos de su labor.
Carlos Alonso, obra de la serie El juguete rabioso. Gentileza AG ArteSinónimo de arte
Pintor, dibujante y grabador nacido en Tunuyán en 1929, Alonso construyó una poética visual que desborda la destreza técnica para convertirse en testimonio crítico de lo humano.
Ya en 1966, desde las páginas de El Litoral, Jorge Taverna Irigoyen advertía que su obra no debía leerse desde una mirada decorativa o anecdótica. Allí señalaba que "su línea es espléndida, con esa esplendidez que sólo dan la libertad estilística junto a una gran y decantada experiencia".
Pero aclaraba que esa destreza no era un fin en sí mismo, más bien era una herramienta para producir imágenes "violentamente exactas", capaces de otorgar "una corporeidad extrañísima a los hechos".
Las cinco obras que elegimos para estas líneas, permiten recorrer ciertos núcleos de la producción de Alonso: la carne, el artista frente a la historia, el cuerpo como territorio político y la tradición cultural reinterpretada desde una mirada contemporánea.
Colección particularLa "economía de la sangre"
Dentro de la (cabe, como nunca, el adjetivo) "prolífica" producción de Alonso, "Carne de primera" tiene un lugar importante por su visión social, política y cultural del país. La obra se inscribe en el largo proceso que desembocó en la serie "Hay que comer", integrada por trabajos realizados desde 1965, exhibidos en Argentina y en el exterior.
Alonso explicó el eje de este ciclo. "He tratado de reflejar todos esos personajes, todo ese mundo ligado a una economía que también está ligada a una forma cultural (…) donde la anatomía humana y la anatomía de la vaca, y la sangre de la vaca y la sangre del hombre están a veces a un mismo nivel de mercado y de precio".
La lectura crítica refuerza esa idea. Para María Florencia Galesio y Pablo De Monte, "la carne como fragmento constitutivo recorre la producción de Carlos Alonso", ya sea como res faenada o como cuerpo humano sometido, herido, degradado.
El maestro, el cuerpo y el oficio
En 1967, Alonso presentó la serie "Variantes para un retrato de Lino E. Spilimbergo". Allí retrató a su maestro como lo había visto en los últimos tiempos: manos y pies vendados, el cuerpo afectado. En pocas palabras, el artista vulnerable.
Museo Genaro Pérez de CórdobaGalesio y De Monte subrayan que estas obras reivindican la figura de Spilimbergo, pero también recuperan "el oficio de pintor en el contexto de los debates de la época sobre la muerte de la pintura".
Esa preocupación atraviesa luego otras series de homenajes (a Rembrandt, Courbet, Van Gogh y Renoir) y se prolonga en la serie del Viejo pintor, donde Alonso piensa el lugar del artista en la historia y en el presente.
Taverna Irigoyen ya era consciente de tal profundidad cuando manifestaba que "su sentido de las proporciones es realmente admirable", y que a partir de allí el artista lograba "articular las escalas del drama legendario con un patetismo significativamente conmovedor".
Los clásicos bajo una luz cruel
La relación de Carlos Alonso con Dante Alighieri se desarrolla en dos momentos de su trayectoria. Los primeros trabajos, de los años 60 (muchos realizados en Italia en 1968), son de pequeño formato. El segundo conjunto, fechado entre 2000 y 2009, amplía la lectura hacia una dimensión política explícita.
ArchivoSegún Andrés Duprat, estas obras "conectan dos épocas lejanas y nos demuestran que los horrores siguen replicándose y alimentando las imaginaciones actuales". Como en otros "diálogos" con la tradición, Alonso utiliza a Dante como dispositivo crítico. El infierno no es alegórico, es histórico.
El cuerpo como memoria
Realizada en 1984, "Figura reclinada" se presenta como una obra de apariencia silenciosa, íntima. Ejecutada principalmente en tinta, muestra una figura suspendida en una pose lánguida, con una paleta mínima y líneas dispersas.
No hay erotismo explícito. Hay, en cambio, una tensión latente. El equilibrio entre el detalle de la parte superior del cuerpo y la insinuación de la mitad inferior conduce la mirada hacia el rostro y las manos.
ArchivoLa obra es un recordatorio de las luchas individuales y nacionales (hay que recordar que la democracia apenas había sido recuperada un año antes) donde la belleza convive con una densidad histórica ineludible.
Belleza y violencia
Pintado en 1974, "El sillón azul" sintetiza la identidad de Alonso como maestro y referente del arte social. Acrílico sobre tela, de color intenso y pincelada espesa, expone la pasión por la vida junto al dolor, la amargura y la protesta.
Aquí se vuelve palpable algo que Taverna Irigoyen describía muy bien. "Expresionista de fuerte lirismo, Alonso ilumina siempre a sus criaturas de un raptus vivencial". No están allí como figuras decorativas. "El artista las hace participar del momento, las anima y sacude de sentimientos", a través de líneas, colores y rupturas alegóricas que comprometen al espectador.
Colección Fundación AlonUna obra que sigue discutiendo
En su texto de El Litoral, Taverna Irigoyen afirmaba que, al analizar los dibujos de Alonso, se comprobaba cómo "sortea los enunciados de la anécdota y la pulsa en un potente sentido existencial", demostrando que "lo argentino puede tener, como éste, testimonios de real valía".
A los 97 años de su nacimiento, la obra de Alonso resiste el tiempo y lo interpela. Sigue siendo una zona de conflicto, memoria y conciencia crítica.