"No recuerdo haber leído algún libro que no hable de la inestabilidad de la mujer. Quizás porque fueron escritos por hombres". Jane Austen
El Museo Nacional de Bellas Artes presenta una selección de arte francés que revisa el rol de las mujeres en el rococó. La muestra incluye piezas de creadoras que impusieron ideas y modas en un contexto adverso.

"No recuerdo haber leído algún libro que no hable de la inestabilidad de la mujer. Quizás porque fueron escritos por hombres". Jane Austen
El Museo Nacional de Bellas Artes presenta, en una de las salas de la planta baja, una selección de piezas de arte francés del siglo XVIII. Hasta ahí, parece algo completamente usual. La particularidad es que esta vez se pone el acento en el protagonismo de las mujeres en el estilo rococó.
La sala exhibe trabajos de cuatro artistas (Angelica Kauffmann, Jeanne-Philiberte Ledoux, Maria Cosway y Marguerite Gérard) junto a retratos femeninos firmados por Jean-Marc Nattier, Nicolás de Largillière y Pierre François Le Roy, entre otros.
La tesis que organiza esta selección es que, en la cultura visual europea del siglo XVIII (y particularmente en el universo francés asociado al rococó), las mujeres estuvieron presentes de maneras múltiples y a veces contradictorias.
Posaron, comisionaron, pintaron, grabaron, fueron musas y artesanas, mecenas y alumnas de talleres privados. Pero esa presencia no se tradujo en igualdad de oportunidades dentro de las instituciones artísticas.
Paradójicamente, el siglo que parió las ideas ilustradas de razón y progreso mantuvo para las mujeres fuertes restricciones en el acceso a la formación académica, los espacios de legitimación y los ámbitos de decisión cultural.
En el siglo XVIII, la vida aristocrática de Francia se caracterizó por el rococó. En esa corriente artística, como señala el texto introductorio de la muestra, las mujeres "no solo posaron como trabajadoras, o en escenas de fiestas galantes y temas eróticos, sino que también participaron activamente en la concepción de este lenguaje artístico".
Una de las formas de esa participación fue el encargo. "Conscientes del poder de esas imágenes, creadas para la intimidad del Palacio de Versalles o de las mansiones urbanas, las damas de la nobleza pidieron ser retratadas como mecenas o diosas mitológicas con las que buscaron identificarse", indicaron desde el Museo.
Y añadieron que "así, a través de las obras que comisionaron, dieron lugar a formas de representación novedosas, impusieron modas y transmitieron ideas que gestaron sobre sí mismas".
Los retratos de Jean-Marc Nattier presentes en la sala ilustran este fenómeno. Sus clientas aristócratas buscaban verse asociadas a figuras mitológicas e ideales de virtud, belleza o poder, construyendo una imagen de sí mismas que trascendiera la representación cotidiana.
Pero la sala no habla solamente de las aristócratas que encargaban, sino también de quienes pintaban.
"Otro modo de intervención del género femenino fue el ejercicio profesional de la pintura. Aunque tenían prohibido estudiar o dar clases en la Escuela de Bellas Artes y ser jurados en los certámenes, formaron redes, abrieron sus talleres de enseñanza y se destacaron en géneros considerados 'menores'", explicitaron desde el Museo.
"Pintaron escenas cotidianas, naturalezas muertas y pequeños retratos, que incluso lograron exhibir en el prestigioso Salón de París, el ojo público de la época", agregaron.
Lo "menor" del sistema académico del siglo XVIII no era una descripción, sino una jerarquía con consecuencias: los géneros menores se vendían a precios inferiores, circulaban en formatos más pequeños y llegaban a públicos más modestos.
Y eran, en buena medida, los territorios donde las mujeres encontraban mayores posibilidades de desarrollo profesional. La pintura de historia (considerada el género más prestigioso dentro de la jerarquía académica) resultaba mucho menos accesible para ellas.
La artista que más cerca estuvo de romper las barreras impuestas a las mujeres en el siglo XVIII fue Angelica Kauffmann. Formada en Italia junto a su padre, el pintor Joseph Johann Kauffmann, accedió a estudios y colecciones reservadas casi exclusivamente a los hombres.
Instalada en Londres en 1766, abrió su propio taller a los 25 años y logró una clientela que incluyó a la casa real británica. En 1768 fue una de las dos únicas mujeres fundadoras de la Royal Academy of Arts.
Kauffmann desarrolló una obra inspirada en la Antigüedad clásica y representó figuras femeninas como Penélope o Cornelia con una dignidad heroica inusual para la época.
La trayectoria de Maria Cosway permite observar otra estrategia de inserción profesional dentro del sistema artístico europeo.
Nacida en Florencia, recibió una amplia formación antes de instalarse en Londres junto al miniaturista Richard Cosway. Participó de la vida cultural inglesa, organizó reuniones intelectuales y exhibió sus obras en la Royal Academy.
Alcanzó especial reconocimiento como grabadora. La obra exhibida por el MNBA da cuenta de esa habilidad técnica y de una práctica que conectaba coleccionismo, mercado editorial y divulgación artística.
Discípula de Jean-Baptiste Greuze, Jeanne-Philiberte Ledoux se centró en el retrato y la miniatura. Sus pinturas muestran jóvenes de expresión introspectiva, con marcas de una sensibilidad propia de fines del siglo XVIII.
Su trayectoria también evidencia las dificultades que enfrentaron varias artistas para diferenciar su autoría de la de los maestros bajo cuya influencia se habían formado.
Marguerite Gérard contradice varios de los estereotipos asociados a las artistas de su tiempo. Formada junto a Jean-Honoré Fragonard, sus obras muestran interiores elegantes, vínculos familiares, momentos de lectura, escritura o creación artística.
Más allá de esos temas, lo notable es que logró una independencia económica poco habitual para una mujer del siglo XVIII. Su producción alcanzó gran éxito comercial durante más de cinco décadas y contó con clientes de la talla de Napoleón Bonaparte y Luis XVIII.
Lo concreto es que la selección presentada por el Museo Nacional de Bellas Artes invita a reconsiderar quiénes participaron en la construcción de las imágenes que heredó la cultura occidental y de qué manera esas contribuciones fueron recordadas o silenciadas por la historia.