Hoy se cumplen 42 años de la consagración del seleccionado argentino de fútbol como campeón del Mundial 1978. A la distancia de una montaña de almanaques, de las torrentosas aguas que pasaron bajo los puentes, cabe tomar distancia de las coartadas maniqueas que persisten y acaso persistirán. Argentina, es pertinente decirlo, no fue un mero campeón del mundo mal habido tras derrotar en la final a Holanda por 3 a 1, ni tampoco fue un campeón puro de toda pureza.


































