"Estuve 85 días clavados adentro de mi departamento, sin salir. Y un día, ante la desesperación por entrenar, me apropié del pasillo de mi piso. Y de la escalera. Dejaba la puerta abierta y ahí le daba: subía y bajaba, corriendo, saltaba y hasta hacía ejercicios con pelota. Imaginate los vecinos?"


































