No paraba de hablar y de sacarse fotos. Cada tanto, miraba la hora. "¿Sabés qué pasa?, que hay cuatro horas de diferencia con Madrid y tengo que estar pendiente del inicio de 'El chiringuito', pero no hay problema, charlemos tranquilos", le dice al enviado de El Litoral, en medio de esa caldera frenética y deseosa de festejo que era el Monumental, mientras todos esperábamos la salida al campo de juego de los campeones del mundo. Su estilo directo, frontal, lo convirtió hoy en un periodista sin pelos en la lengua. No le escapó a la comparación con los otros equipos argentinos que fueron campeones del mundo y no duda en señalar a esta selección, la de Scaloni, como la mejor de las tres. Creció a la sombra de los grandes arqueros que había en aquéllos tiempos en San Lorenzo. Tenía gran competencia en su propio club (Buttice e Irusta) y después, afuera, la sombra de dos fenómenos como el Loco Gatti y el Pato Fillol. Su paso al fútbol español fue clave, no sólo en lo deportivo (tuvo su mejor momento), sino porque se quedó a vivir allá y ahora es uno de los analistas del programa más famoso y polémico no sólo de España, sino de toda Europa.































